Despertar juntos

El espíritu de tu mañana besa mis pies, sube por mis piernas y plácidamente se regodea en mi miembro, asciende con caricias por mi espina dorsal hasta llegar a mi cabeza e inefablemente abrir mis ojos mientras me envuelve la calidez de tu aliento con el canto de tu sonrisa y el susurro de tu saludo mezclándose con la sensación de agradecimiento en este renacer.

Venimos purificados, fue testigo el manto nocturno que nos vio morir entre gemidos y sudores del desfogue de un amor que se ha habituado a celebrar cada nuevo día con el milagro de despertar juntos.

Almatarino

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Azuquítar

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La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.
Marco Aurelio

Mírate,
vienes este domingo triste de agosto,
con una sonrisa que ilumina,
hay azuquítar en tu boca:
simpatía que no se agota.

Quisiera tener un cuentagota
para administrar la dosis de tu dulzura,
y usarla en días como este
en los que la realidad me embota.

¿Sos azúcar de caña
o azúcar de remolacha?
¡Qué importa!
Si con solo con la afabilidad de tus palabras
siento que me das alas.

¿Cuál es la combinación de glucosa
y fructuosa en la fórmula de tu alma?
¡Qué importa!
Si con sentirte puedo saborear alegrías
y esperanzas.

Cuando camino por cañaverales de mi soledad,
llegas,
a veces inesperada,
a veces inoportuna,
y me rocías con esa azuquítar
que te caracteriza:
querencia sin medida.

Eres azucena de solidaridad y compañía,
eres azul en tonos de comprensión y armonía.

Tu cariño es el mismo cariño
que encuentro en todas mis amigas,
el cariño de la hermana que no tengo,
el amor de una mamá osa.
Afectos que no busco,
de los que suelo renegar
para disfrutar de mis abismos,
pero llegan como milagros inesperados
que me salvan de a poquito.

No dejes de regalarme tu azuquítar.
No hagas caso cuando digo que me dejes,
que te vayas,
porque justo allí es cuando más necesito
de la azuquítar de tus palabras,
esas alas de cariño
que dispersan las nubes de los domingos
o el desasosiego en cualquier día
de la semana.

Almatarino

Cosas de besos en el cuello

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Recorre mis muslos
con tus besos,
y marca el camino del deseo
hasta llegar a mi cuello.

El camino de tus muslos
a tu cuello
ofrece paisajes
en los que es inevitable
posar mis besos.
Camino que lleno de besos
y colores hasta agotarlos,
solo queda el negro
para fijarlo en el centro
de tu mundo.

Haces vibrar mi cuerpo
con tus besos,
y haces explotar mis sentidos
cuando tus afilados dientes
se clavan en mi cuello.

La seda blanca de tu cuello
invita al desenfreno,
siente el filo de mis incisivos,
tu yugular henchida se abre
y cede a mi dominio.
Me incita tu sangre.

Mi cuello
toma la forma perfecta
de tus besos.

Mis besos toman la forma de tu cuello,
lo modelan a su antojo,
intensifican el deseo
que se libera mientras gimes
y cierras los ojos.

La intensidad de mis deseos
es en medida de lo bueno de tus besos
y la forma sensual en la que recorres mi cuerpo
y haces nido en mi cuello.

Ah, pero qué maravilla,
tu cuello como el nido de mis besos,
algunos son secos y pequeños,
otros tienen alas
y se escapan a tus senos
para jugar con tus pezones erectos.

Serpentinas interminables
se forman en mi vientre,
tus manos en mis senos
y tus labios en mi cuello
desbordando un arcoíris de placer.

¿Arcoíris de placer?
Mezclemos los colores hasta arder,
el vuelo de mis manos
por tu cuerpo excitado,
y mis besos con tu cuello blanco
se han obsesionado.

Cierro mis ojos
para sentirte más dentro,
ahí donde tus besos despiertan
mis mariposas dormidas
y tu boca sigue seduciendo
mi cuello.

Tu cuello,
mis besos,
ojos que se cierran
mientras te entregas al espasmo,
a la llama,
a los colores,
a las sensaciones
que en tu vientre estallan.

En la poesía de tu cuerpo
es que encuentro la erótica forma de ser tuya
en un ve(r)so
llevándolo grabado en mi cuello.

En la poesía de tu cuello,
la metáfora del erotismo:
la rima de mis besos lascivos
te hace verso estremecido
al vuelo del placer infinito.

En tus brazos vuelo,
pues son alas que dan abrigo y consuelo,
deseo desbordando en mi cuello
que con tus besos
haces tocar el cielo.

Desbordado, bordado,
clavado, fascinado;
sudor y saliva mezclados
por besos en el cuello;
bautismo de un deseo
que nos sabe enamorados.

Sudor y saliva
que hacen mezcla de sabor en tu cuello
y mi cuello;
besos que saben a amor,
de ese que se guardó
para ser eterno.

@Psyqueamour_ y @Almatarino

Tu pelo rojo

Quisiera que el torpe canto de mi sentir
—mis versos—,
se entremezclara con tu cabello de fuego;
que fue paraíso para mis dedos,
refugio del tiempo
—maravillosos momentos—,
cuna para arrullar mis tormentos
en noches de desvelo.

Hay un perfume grabado
en la memoria de mis dedos,
vuelvo a acariciarte muy despacio
—puro cariño luego del sexo—,
para no despertar tus luceros.

Se tiñen de rojo mis recuerdos,
tu pelo se desvanece en el viento.

Acá, desde el exilio donde te evoco,
soy distancia y soy silencio,
y soy la soledad del abandono.

Sé que no volverás,
que ya no seremos de nuevo;
ah, pero no puedo negar que fui dichoso
—que soy dichoso con tan solo recordar
el perfume de tu pelo rojo—.

S. F. Almatar

Embelésame

Embelésame
tal como embelesan las miradas
que sentimos nos desnudan
y en nuestras almas se tatúan.

Embelésame
tal como embelesa la vehemencia
de un beso apasionado
que hace arder las venas.

Embelésame
tal como embelesa el primer verso
de un poema que acaricia la más trágica
de nuestras reminiscencias.

Embelésame
tal como embelesan los primeros párrafos
de un libro que abre sus páginas
para marcarnos de por vida.

Embelésame
tal como se embelesan los que se enamoran
y cultivan la semilla del amor
sin importar que la cosecha sea mera desilusión.

Embelésame
con todo el arrebato del amor,
aun conociendo el riesgo,
aun con mis miedos,
aun siendo sobreviviente
de indiferencias y olvidos
y debacles del desamor.

Embelésame
porque yo, inmarcesible, no me canso;
no me canso de deleitarme con las prebendas
que encuentro en el dulce fruto que me vivifica:
el amor.

Ah, qué sería de mí si no lograras embelesarme
tal como lo haces,
seguiría estando como me encontraste:
tan muerto.

S. F. Almatar

Pronunciarte sin palabras

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El error mío es enamorarme de palabras,
de palabras que no existen,
de significados que invento
y me dejan el alma triste.

¿Cómo puedo definirte en una palabra
que no envilezca todo aquello que me diste?

¿A qué etimología recurro
para darte forma en el resplandor de esta memoria
que borrarte no logra?

Sin determinar tu morfología,
solo consigo pronunciarte en el silencio de las noches
en que te recuerdo como parte de mi vida.

S. F. Almatar